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miércoles, 13 de mayo de 2009

Más erotismo en pequeñas dosis


Melissa P. (Italia-España, 2005), de Luca Guadagnino. Cuestionable elección de actriz (María Valverde, a la que veo un poco perdida en el papel, jugando a hacer de niña-adolescente mala ). Pero en cualquier caso, curiosa adaptación de un libro lleno de polémica de la joven escritora italiana Melissa Panarello (Los cien golpes), basada en su propia y polémica experiencia sexual durante la adolescencia.

Melissa, una joven adolescente, descubre el sexo de una forma fría, brutal... La pérdida de su inocencia, de sus sueños de amor infantiles la llevará al otro extremo, en un intento de vivir su sexualidad de una forma calculada, mecánica, vulgar… Llegando a vivir experiencias realmente vejatorias. Una película particular, aunque con cierto sabor, no sé porqué, con el descenso a los infiernos de la protagonista de Las edades de Lulú. Aunque nada que ver con esa historia, desde luego.

Ya opinaréis vosotros cuando la veáis, aunque no esperéis mucho de ella como película, vale?

Deseo peligro (Taiwán, 2007). Del director Ang Lee.

Lenta, comedida por momentos, sorprendente a ratos. Durante casi la primera mitad del metraje asistimos a la evolución de la protagonista, una joven universitaria en la China de principios de los 40 que se une junto con sus compañeros de teatro a la resistencia, con la idea de luchar contra la ocupación japonesa.
Curiosa la triste –o mejor dicho, lamentable- iniciación de la protagonista en el sexo, brutal el primer polvo con el hombre al que debe seducir –podría considerarse una violación-, intensos y sorprendentemente visuales los siguientes momentos. La cámara se recrea en la unión entre sexos sin mostrar los detalles más íntimos (aunque a veces te quede la duda de si los actores están realmente haciendo el amor), en los rincones del cuerpo femenino cubiertos por vello, antes de que la moda impusiera a la mujer la exigencia de rasurarse por completo… Una transición desde la lentitud y de la moderación que sorprende, para dejar paso a la sexualidad, al deseo y a la brutalidad más puras. Dolorosa la forma en la que la protagonista describe los encuentros sexuales con su enemigo y la forma en la que este se va abriendo paso hacia lo más profundo de ella, en todos los sentidos…

Eso si, para amantes de Ang Lee o del cine clásico, no es una película para mentes rápidas ni para soñadores de finalices felices.


Quills (USA, 2000), de Philip Kauffman.

Erotismo sutil y erotismo manifiesto. La película (basada en una obra teatral) gira en torno a la reclusión del marqués de Sade en un hospital de la época para enfermos mentales. A pesar de Geoffrey Rush (quién encarna a Sade), al que debo renocer un escasísimo atractivo sexual (inversamente proporcional a su talento como actor), la película se llena de pequeños momentos que erizan la piel, mientras la joven lavandera (Madeleine, papel que borda Kate Winslet) lee en voz alta algunos pasajes de Justine, o durante esos breves encuentros, llenos de deseo y contención entre ella y el director del centro, un joven sacerdote idealista y generoso (El guapísimo e interesantísimo Joaquín Phoenix) que, a pesar de amarla, no será capaz de abandonarlo todo por ella. O quizá si, pero demasiado tarde.

Una historia trágica llena de momentos, para mi gusto, verdaderamente eróticos. En especial, aquellos en los que el Abbé (personaje de Phoenix) está a punto de rendirse carnalmente ante lo que siente por Madeleine.
Uffff…!
La escena del final, sobre el altar de la iglesia, de las que quita el aliento. Un auténtico sacrilegio, literalmente hablando!. Para pegarle un empujón a la Winslet y ponerse en su lugar!

¿El morbo de lo prohibido? ¿El deseo de una persona a la que, teóricamente, no se puede conseguir..? Qué os voy a contar yo que no sepáis ya... Al volver a ver ésta película se me han despertado muchas emociones.


Brokeback mountain (USA, 2005), de Ang Lee (repetimos director y repetimos tragedia)

Un casi-valiente (teniendo en cuenta la mojigatería con la que el cine en general, y más el estadounidense, trata el tema de la homosexualidad) acercamiento a la historia de amor entre dos, aparentemente, curtidos vaqueros. ¿Qué mejor forma de hacerlo que eligiendo el cliché de vaquero con sombrero (tipo anuncio de Camel?)?

Personalmente, considero sumamente erótica la escena en la tienda de campaña, cuando los personajes de Heath Ledger y Jack Gyllenhaal hacen el amor por primera vez, de una forma descontrolada, brutal… Parece que a Ang Lee le gusta la idea de que sus personajes se muevan en relaciones brutales que nos hacen pensar casi en una violación…De todas formas, debo reconocer que la escena me dejó sin aliento, con la respiración agitada y el corazón bombeando llena de excitación.. Ufffff! El resto de besos y caricias entre los protagonistas, para mi gusto, igualmente excitantes. Y la historia de amor, sencillamente tan hermosa como trágica. ¿Tal vez por el morbo de ver a dos hombres tan atractivos besándose? No lo sé. Pero ahí queda mi opinión, por si aún no la habéis visto… Mi curiosidad? Saber si algún chico (aparte de un par que conozco) es capaz de reconocer que se excitó viendo esa primera escena..

¿Algún valiente se atreve?

Infiel (USA, 2002), de Adryan Lane.

¿Alguien piensa que no sea comprensible que una mujer que lo tiene todo (una familia, un marido perfecto –Richard Gere! Hace falta decir más?- que la ama con locura..) pueda acabar enamorándose de un chico más joven que ella, atractivo e interesante como solo puede serlo Olivier Martínez?

Las escenas de sexo, de las que hacen subir la temperatura corporal y el ritmo cardíaco, llenas de erotismo sutil. Por otra parte, la historia me invita a pensar… Podría identificarme a la perfección con lo que siente el personaje de Diane Lane, la protagonista, dividida entre la rutina de un amor sereno, puro y tierno y la obsesión de una historia complicada, casi imposible.

Pero en mi caso, mi “objeto de obsesión” nada tiene que ver con el impulsivo, seguro y apasionado papel de Olivier Martínez. Nada.