...a) El dinero del regalo. Pruebo, cuando quedamos, a ver si cuela el jarrón de los chinos, pero nada. Se ríen y me dejan bien clarito que la casa está amuebladísima, de diseño, monísima, coquetísima. y una docena más de “ísimos”!
b) El vestido. Vuelves a casa descorazonada… Abres el armario y empiezas a buscar. Y de primeras te entra un sudor frío y te viene un grito sofocado seguido de esa frase tan, tan odiada que nos viene acompañando desde que teníamos 13 años: ¡No tengo nada que ponermeeeeee!!!!
Un momento, respira! Si! Tienes un vestido… No, pera… Tienes 3 candidatos que no te han visto en ninguna boda anterior!!! Milagro en el portal de Belén!. Un momento… Uno hay que descartarlo, por que te lo vió la prima de la que se casa (que está casada con el hermano de tu cuñada) en un bautizo, y es de un criticón!. Joer… Quedan dos. Te los pruebas pa´que den el visto buena tus compis –uno morado y otro rojo-, y por unanimidad gana el morado.
Si supieran que te lo compraste en el mercadillo por 15 euros, en un puesto con vestidos de fiesta de marca se les torcía hasta la campanilla…!
c)Los zapatos. Joder, vamos listas. Aún hace calor para zapato cerrado, y además, al vestido le pagan unas sandalias, pero no tienes ningunas en condiciones para ponerte. Y tú tiesa sin pelas!! Sales como una loca a recorrer todas las zapaterías de la ciudad, hasta encontrar unas sandalias preciosas que, milagritos de la vida moderna y del comercio injusto, cuestan 15 euros! Los miras y remiras por si tienen algún defecto. Te las pruebas (algo malo tienen que tener), pero nada de nada. Son perfectas (bueno, están un poquito grandes, pero si estudias la posición del pie cuidadosamente no se nota). No entro en mi de gozo!!
d)Jóder, y ahora queda el bolso. Ufff! Miras el armario y no ves nada que le vaya al conjunto. Intentas colar un bolso de mano normalito, pero la experta en protocolo de la oficina te lo desaconseja encarecidamente. Le sonríes amablemente, le das las gracias, y te vuelves con la mirada torcida porque acaba de joderte el invento. En fin: no te queda otra. Haces un llamamiento solidario a la gente que conoces pidiendo un bolso de fiesta prestado. Pero como se te olvida decir lo que estás buscando (y que no todo el mundo tiene el mismo gusto) te aparecen con una serie de “perlas” que parecen salidas de un ágape de la familia Adams o de una fiesta pirataaaa. Y tú allí con cara de felicidad y la mejor de tus sonrisas… “Ohhhh, qué bonito, pero qué pena! No le va al vestido… Uy, es precioso, pero no combina con los zapatos…”
Al final aparece tu mejor amiga, con toda su ilusión, con un bolsito sobre el que prefieres no opinar, le das un beso, le agradeces el detalle, y le das las gracias por salvarte la vida. Al día siguiente te vas al mercadillo, pobre como las ratas y desahuciada, y compras un bolso que parece dar el pego por 4 euros. Lo pones a prueba con la victim fashion de la oficina, y… ¡¡Prueba superada!!
e)Se acerca el día de la boda y empiezan a bajar las temperaturas alarmantemente… Joder, que más puede pasar? En fin... Cuando ya creías tenerlo controlado todo empieza la búsqueda de echarpe, chal, mantón, pashmina, chaquetita, pañuelo, o sucedáneo. Tu mejor amiga vuelve a aparecer de nuevo y te trae uno que no está nada mal. Pero solo hay un pequeño problema: que a ella le viene pequeño, y teniendo en cuenta que es casi 20 centimetros más baja que tú y que tiene la mitad de tu espalda, pues que os voy a contar, no? Le digo:
“Oye, me está pequeño”
“Pues si, la verdad es que me está chico a mi también.”
Y te quedas pensando: y no se te ha ocurrido antes lo de que yo abulto el doble que tú, huevo duro????
En fin. Finalmente, después de revisar todas las tiendas en las que puedes encontrar cacharros parecidos sin tener que empeñar una pierna, terminas tus compras en el corte chino. Un fantástico foulard que imita seda natural y que vuelve a pasar los controles de calidad pijos!!! Yupiiii!!
Ya lo tienes todo listo. Ahora solo falta hacer cuentas para soltar la pasta. Y empiezas a sondear entre amigos, compañeros y conocidos… Oye, tú cuando estás dando para las bodas? Y si vas solo? (por que voy yo sola, of course!)
- Yo doy 120 si vamos dos.
- Pues yo 150 0 170.
- Pero y si vais solas?
- No sé, yo daría 60 o 70, y va que corta.
- 60 o 70 no es demasiado poco en estos tiempos? (pregunto yo con ingenuidad de la verdadera) Yo había pensado en 100 o 120, no sé…
- Que no, mujer, que 70 van bien.
- Ok, graciassss!!
Me han convencido. Me daba palo soltar 100 euros, pero no me llegaba pa´los 120. Pero estos me han quitado rápidamente todo rastro de culpabilidad del cuerpo.
Hala, a tomar por saco! A ver si por lo menos me lo paso bien…


