
Expiación (Ian McEwan)
McEwan nos conduce hasta una familia burguesa afincada en la campiña inglesa, en 1935. Allí nos va presentado a una serie de personajes a través de su protagonista y nararadora -Briony-, una niña de 13 años, observadora, sobreprotegida y maliciosamente inocente que sueña con llegar a ser una gran novelista.
A través de sus ojos vamos conociendo a la hermana mayor –Cecilia-, una joven moderna e insatisfecha con su modo de vida que desea cambiar las cosas y empezar de cero en algún otro lugar, a Robbie -hijo de la criada y beneficiario de la protección y el apoyo económico del señor de la casa-, en el que se intuye inmediatamente una profunda atracción hacia la joven, a la señora de la casa y madre de ambas hermanas –una mujer afectada por jaquecas continuas que, lejos de permanecer ajena a todo, como el tópico que sería de esperar, sorprende por la atención que presta a sus hijas y por la claridad con la que observa y medita sobre la realidad y sobre las personas que le rodean en la soledad de su habitación... Pero a pesar de esa aparente lucidez se equivocará juzgando a una persona.
El padre, siempre ausente, es una figura de la que todos hablan, pero que nunca llega a materializarse con voz en las páginas del libro.
A raíz de la incorporación de nuevos personajes -unos toman peso y otros parecen diluirse entre las páginas del libro-, y siempre a través de los ojos de la inteligente y observadora Briony, asistimos como espectadores al desarrollo de las relaciones familiares, a la explosión de sentimientos entre el joven Robbie y Cecilia, o a la particular y complicada relación que se establecerá entre los invitados que llegan a la casa a lo largo de ese verano.
Mc Ewan aprovecha la ocasión para atribuir intensas e interesantes reflexiones a una niña de 13 años, que se pregunta sobre las dificultades que entraña la percepción de las otras personas como sujetos con sentimientos, emociones y pensamientos complejos propios, en una especie de ejercicio avanzado sobre la empatía.
La narración empieza con ritmo lento, pero si le damos la oportunidad y pasamos página, encontramos a un narrador inteligente e interesante, incluso ágil, que elabora una historia bien construida y que aborda con maestría las relaciones humanas, confiriendo a sus personajes razonamientos que en numerosas ocasiones acaban absorbiéndote dentro de la historia.
La historia, por otra parte, se estructura en torno a cuatro partes diferenciadas.
En la primera, asistimos a la presentación y posterior ruptura de la apacible tranquilidad que parece respirarse en la casa familiar.
Ewan nos conduce a continuación a la Francia en guerra, viaje en el que acompañamos a un Robbie castigado y marcado por su experiencia y por los horrores de la contienda que trata desesperadamente de volver a casa para reunirse con Cecilia.
Durante la tercera parte conocemos a una Briony ya adolescente, triste, llena de remordimientos y dolida consigo misma, quién, tras comprender las consecuencias de lo que ha provocado con su comportamiento –la separación de Cecilia y Robbie, y el castigo de éste- , tratará por todos los medios de solucionarlo, siguiendo los pasos de su hermana mayor.
El libro cierra sus páginas con la Briony adulta, anciana ya, y aquejada de una enfermedad senil -pronta por arrebatarle la lucidez-, que realiza un acto de conciencia, rememorando los acontecimientos posteriores a aquel verano para completar su relato.
Existe una adaptación cinematográfica del libro con idéntico título en castellano - protagonizada por Keira Knightley y James McAvoy- , que no nos deja mal sabor de boca. Consigue mantenerse fiel a la mayoría del relato, adquiriendo forma a través de una buena adaptación que la convierte en una película interesante, e incluso por momentos, irresistible.
Por supuesto, no hay que perderse la famosa escena en la biblioteca... Tiene su morbo.



