jueves, 12 de febrero de 2009

Me abstengo por San Valentín..


Hace años que voy un poco a contracorriente, no os estoy diciendo nada nuevo. En días como éste –el dichoso 14 de febrero-, siento que algunas personas me miran como si me tratara de un bicho aún más raro de lo habitual..

Como en el anuncio de estas navidades sobre las pesadas cenas de navidad, y como si se tratara del mismísimo día de la marmota (con Bill Murray incluido), debo decir que tengo la sensación de que me encuentro “todos los años la misma historia”.

Particularmente, la escena que presencio entre mis compañeras suele ser clónica de un año para otro:

-¿Qué os han regalado, chicas?
- A mi me han regalado un perfume y una tarjeta.
- Pues a mi han invitado a una cena romántica (lo que no dice ésta es que fue en el chino de la esquina, vaya tela!).
- A mi me han regalado un ramo de rosas rojas (jóder con el chico, original donde los haya!)
- ¡Nosotros nos vamos el fin de semana a Roma por 50 euros los dos! (Chúpate esa, Teresa! Ésta si que ha conseguido ponerme verde).

En ese momento la cara se me tuerce de envidia, porque yo también deseo volver siempre a mi querida Roma. ¿Cómo puede ser que alguna de ellas vaya para allá y yo me quede por aquí? ¡No es posible!

A éstas alturas parece ya un concurso para ver quién ha conseguido el mejor regalo.. ¡Premio!

Claro que, a lo largo de la mañana, se descubre que la historia tiene poco de bagatela..

- Nos pegamos 7 horas de coche para llegar a Madrid el viernes por la mañana, llegamos a Roma a medio día y pasamos una fantástica jornada y media allí -porque claro, estamos saliendo del aeropuerto de Fiumicino a las 6 de la mañana del domingo- (a éstas altura mejor no hago la rima fácil que sale con Fiumicino, ¿verdad..?).

¿Pues sabes que, bonita? Que para pegarme esa paliza y no ver nada me voy a Matalascañas, la verdad.

A todo esto, y por supuesto, yo callada. A mi nadie me pregunta, porque ya me conocen, y creen saber lo poco social que soy (si es que no se puede ser de otra forma, cómo puede haber una mujer que no celebre el día de los enamorados, por dios.. ¿De dónde se ha escapado ésta!?!?!?).

En fin, tengo que reconocer que soy un poco anti-San Valentín desde que iba al instituto, cuando aún me quedaba ingenuidad suficiente como para vestirme de rojo y pensar que así, de esta forma tan tremendamente original, estaba gritando al mundo lo enamorada que estaba..

Simplemente, tuve la oportunidad de aprender de la persona más especial que he encontrado en mi vida que cualquier día del año es bueno para demostrar a alguien cuanto se le quiere, que lo importante son los pequeños detalles, y que cualquier momento -y no uno que nos dicta el mercado- es bueno para hacer un pequeño obsequio.

El otro día pasé junto a una floristería que llamó mi atención. Había un gran corazón en el escaparate, sobre el que estaba escrito:

“Oferta para San Valentín: doce rosas, 50 euros, 24 rosas, 80 euros”.

¡Jóder, pero si por ese dinero me pego una noche de lujo con bancotel o me consigo un avión a Londres (con un poco de suerte pillo los dos billetes) en cualquier otro día del año!

Cosas como ésta me hicieron reflexionar hace años sobre la cuestionable necesidad de invertir dinero en un regalo, o de hacer alguna actividad porque “es el día de San Valentín y hay que hacerlo, y punto”.

De todas formas, no quiero ser aguafiestas con todos aquellos que si concedéis valor a éste día. Nada más alejado de mi ánimo que ofenderos, ya que comprendo que para la mayoría de la gente se trata de una fecha importante, de un pretexto para hacer algo especial o para recordarle a tu pareja que todavía le quieres (si no es así, dejadme que si os diga entonces que no tiene sentido).

Por cierto, os recuerdo que suelo usar mucho la ironía, y que mi relato de hoy está escrito desde el respeto y desde el sentido del humor.

Tan solo os haré una propuesta seria antes de terminar…En el caso de que decidáis hacer un regalo, ¿por qué no elegir un producto ecológico o de comercio justo, o hacer alguna actividad que no suponga un enorme gasto y darle así un nuevo sentido a éste día?

5 comentarios:

Paula de Bera dijo...

Hola!!!
En mi país, hace años, se festejaba en esa fecha "El día de los enamorados" pero no había tanta publicidad ni tanto merchandising.
Hoy es demasiado y los precios, ni te cuento.
Soy anti San Valentín, coincido en que para demostrar tu amor no es necesario esperar determinadas fechas, pero cuando llega este maldito 14 de febrero, si estoy en pareja, al menos espero unas flores.
Aunque nunca lo reconocería en público, jajaja.
Te mando un abrazo!!!

mAlicia dijo...

¡Hola, Paula!

Lo que a mi me subleva sobre todo es que el 14 de febrero se haya convertido en algo “obligatorio”, de forma que lleguemos a pensar que si la otra persona no nos hace un obsequio ese día es porque no le importamos (resulta un poco triste, la verdad..), y que la gente se dedique a reventar los bolsillos subiendo los precios de las cosas de una forma disparatada.

Yo no suelo dar importancia a la mayoría de éstas fechas (que si el día de la madre, que si el día del padre..), aunque reconozco que hago un esfuerzo por la otra persona si sé que es importante para él o para ella.

¡Y si me descuido, me olvido hasta de los cumpleaños! En eso si que soy un desastre.. Probablemente sean las únicas fechas que aún intento respetar,como excusa para levantar el teléfono y decir ¡felicidades!, o para dar un abrazo y recordar a un amigo o a un ser querido que nos sentimos felices de tenerle cerca un año más.

Un beso!

Beatrizl10 dijo...

Te he dejado un premio en http://siempremasalladelarcoiris.blogspot.com/2009/02/un-premio-estupendo.html. Un abrazo, guapa.

desira dijo...

Mi pareja y yo nunca hemos celebrado el "dichoso Valentín" y llevamos juntos más de media vida. Me hacen mucha más ilusión los regalos inesperados que los obligados, pero bueno, hay gustos para todo, ¿no crees?
Un abrazo de otra que se abstiene por San Valentín.

mAlicia dijo...

Hola, Desira!

Cierto,los regalos inesperados son mucho mejores, aunque como tú dices, cada uno debe hacer lo que desee..

:-)

Quizá por eso me rebelo, porque siento que a mi alrededor no respetan mi actitud inconformista y me presionan para que me una a la masa, mirándome como si fuera un bicho raro por no celebrar cosas como éstas..

Muchas gracias por pasarte por aquí, ha sido un placer encontrar un mensaje tuyo.

Otro abrazo!