sábado, 5 de septiembre de 2009

Dos son compañía (II)

Dos.

No recuerdo en qué momento, ni como, pero soy consciente de que ninguno de los dos llegó siquiera a darse una ducha. Nos dejamos caer sobre las camas, y antes de que pudiera darme cuenta estábamos abrazados. Probablemente fue como siempre: tú te acercarías peligrosamente a mí con tu cara de niño bueno, sonriéndome. Pondrías tu mano cerca de la mía, y yo respondería colocando la mía sobre la tuya.

No salimos del hotel esa noche. Permanecimos tumbados, acariciándonos, abrazados, hasta las tres de la madrugada. En ésta ocasión no todas las caricias fueron mías, aunque las tuyas -como siempre-, se volcaron en mi pelo, en mis brazos, en mis manos, en mi costado, en mi espalda desnuda... Sin llegar a detenerse en ningún lugar prohibido.

Aprendí de memoria cada rincón de tu pecho, de tu vientre, de tus pezones, pequeños y oscuros,a los que provoqué, traviesa, una y mil veces. Jugué con el elástico de tu slip, siguiendo con mis manos la línea tan claramente definida por él en tu cuerpo... Hasta introducir con timidez y suavidad las yemas de mis dedos, sin atreverme a nada más. Cuando finalmente pensé que te habías rendido, y que me permitirías avanzar con mis caricias, colocaste tu mano suavemente sobre tu cuerpo, a modo de barrera. De nuevo, no tuve la oportunidad de ser yo quién decidiera o no hacerlo.

Incluso en aquel momento me habría parecido extraño por tu parte, y atrevido por la mía. ¿No me besas, pero me dejas meterte la mano en el pantalón?

También me pregunto si yo habría sido capaz de hacerlo. Pero no lo sé, la verdad.

Madre mía, que frustrante resulta todo esto...

Una vez cerradas las puertas del cielo -si, otra vez más-, volví a plantearte algunas preguntas, a las que diste las mismas respuestas de siempre, entretejidas en la insoportable longevidad de tus silencios:

- ¿Cuándo fue que sentiste algo por mi?
- Da igual. Ahora ya no importa.
- A mi si me importa (de todas formas dejé de insistir, sabía que no me responderías).
- Ya me has hecho saber que te parezco una mujer hermosa, atractiva. ¿Por qué no deseas besarme? (ya lo sé, parezco masoquista, pero esto me surgió de nuevo, de forma impulsiva, después de que nos acariciáramos durante horas)
... Silencio...
- ¿Por qué crees tú que no lo hago?

En ese momento fui incapaz de decir lo que realmente pensaba (que tienes miedo), y como buena idiota, solté la respuesta que precisamente no quería oír, esperando a que tú la negaras.

- ¿Por que no me deseas?.

Después de otro silencio eterno, y de más abrazos y caricias contenidas, me preguntaste:

- ¿No quieres que salgamos ésta noche?

Yo me callé las ganas de gritar que no, que deseaba quedarme allí, en la cama, disfrutando del tacto de tu cuerpo y de tus brazos, de tus manos... Pero fueron otras palabras las que, encadenadas a una sonrisa, salieron de mi boca:

- Claro. En cuanto me respondas nos iremos.

A pesar de todo, estaba cansada de tanto silencio y de tanta espera, así que una parte importante de mi deseaba que la tortura terminara rápido, que respondieras y pudiéramos salir a dar una vuelta. Pero ya sabes lo terca que soy, ¿no?

Volví a lanzarte la pregunta, exigiéndote una respuesta. Hizo falta más tiempo para que me respondieras en un susurro...

- Ya lo has dicho tú.
- ¿Qué? ¿Que no me deseas...?
¿Y si no me deseas por qué me acaricias así, por qué estás aquí conmigo? Yo jamás permitiría a un amigo por el que no sintiese algo que me tocara como yo te toco. Jamás me metería en una cama con un amigo, jamás le acariciaría y le daría pie a sentir lo que tú me haces sentir si no estuviera loca por él. ¿Un amigo te deja que le acaricies las nalgas, que te deleites acariciando con tu lengua y con tus labios su cuello, su rostro, su oído... si no siente nada por ti? Perdona, pero un simple amigo que no siente nada no hace lo que haces tú, no me toca como me tocas tú.

En ese momento me sentía enfadada, y me incorporé para sentarme en la cama, alejada de ti. Permanecíamos a oscuras y solo vislumbraba tu silueta. También tú te incorporaste, y sin darme tiempo, me lanzaste una pregunta con la absurda ingenuidad que solo los niños poseen, y con un eco de dolor y de impotencia en tu voz:

- ¿Entonces esto quiere decir que no podré tocarte más así, que no podré estar así más contigo?

Primero, la sorpresa. Luego, un ramalazo de miedo y cobardía subió por mi espalda. ¿Cómo iba yo a poder renunciar a eso?? Me estabas diciendo que necesitabas esas caricias, que las querías aunque llegasen siempre a ese límite tan definido... De esa forma conseguiste lo que deseabas, que yo cambiara de tema dejándote claro que si, que dejaría que me tocaras hasta donde tú quisieras llegar.

- ¿Tal vez piensas en otra persona mientras me acaricias, o cuando te dejas acariciar? Pregunté...
- No, no pienso en nadie más –respondiste con claridad, sin dudas-.

...

6 comentarios:

Serena dijo...

Nada... si le llegas a decir: "pero, a ver, de qué, oiga, de qué me iba a meter yo en la cama con mi supuesto mejor amigo si no me gustase pa algo más, eh?"

A este chico le va la marcha... Podría llevarse las preguntas estudiadas de casa.

mAlicia dijo...

Jajajaja! Pues si se lo llego a decir así habría sido un calco (que practicamente lo era, pero es que las preguntas me las hizo alguien que me hizo pensar mucho sobre ello) exacto de ciertas palabras...

Lo dices en los dos sentidos? :-P

Cierto, sabe que las cosas que yo quiero saber son muy concretas (siempre las mismas), pero no puede evitar querer estar conmigo y negarse a responder, eso sí. Los dos caemos una y otra vez en las mismas cosas, la verdad.

Serena dijo...

Qué insinuas? Yo jamás hablo con dobles sentidos...

mAlicia dijo...

Jajaja!

Claro, esa soy yo.

Solo me preguntaba si lo de "le va la marcha" iba referido únicamente al hecho de que me de pie siempre a preguntarle las mismas cosas, o al hecho de que busque tanta intimidad conmigo pa´luego poner límites...

Serena dijo...

Va referido al hecho de: "Tío, siempre te pregunta lo mismo, sabes a lo que vas a esas camas, sabes dónde llevan esas caricias y sobeteos... no te me hagas el inocente porque aquí no cuela, rey!!"

Pero... si tuvieras un poquillo más de sangre fría, cuando se acerca tantísimo a tu boca, le podrías decir: "qué pretendes? porque si quieres besarme, prefiero que antes me pidas permiso". (Toma! Y se cae de la cama del susto!!)

mAlicia dijo...

Por eso mi mejor amiga decía la semana pasada: "de verdad, no comprendo como podéis llegar los dos a ese límite de sufrimiento por estar juntos..."

Pues si, sabe a lo que va, y no lo evita, o lo evita "muy débilmente", demasiado como para creérselo.

Y cuando ve que lo puede perder, responde como un niño dolido, sufriente, preguntándome si no podrá tocarme y abrazarme más! De verdad, a veces no alcanzo a entender ni de lejos la confusión que tiene en la cabeza.

Lástima que yo no tenga tantísima sangre fría, y que en los momentos en que mantenía sus labios tan cercanos fuera incapaz de pensar con claridad, pq habría estado genial responderle así. ;-)

Qué demonios le pasa? ¿Y qué demonios me pasa a mi, que no soy capaz de detener esta eterna "medio entrega"?