viernes, 11 de septiembre de 2009

...Tres son multitud (III)


Tres.

Cuando finalmente fui capaz de abrir la boca solté una retahíla de cosas. Tantas, que soy incapaz de recordar el orden, todo lo que dije o como lo dije. Creo que me lo impiden el Alzheimer y el hecho de que –aún habiendo mantenido cierto control- soy, como alguna persona me ha dicho en cierta ocasión, un “torbellino emocional”.


Tal vez incluso me cambió la voz, como a la niña de El exorcista, y ni cuenta me di. Jajaja!

Como siempre, te hice un montón de preguntas (ya lo sé, no os contaría nada nuevo!)… Esto comenzaba a parecerse a una versión mala de “Slumdog millionaire”, en la que el concursante no abre la boca ni a hostias para responder (igual el método del policía de la peli hubiera funcionado… Ummmm!).


¿Preguntas? Las de siempre con alguna novedad, claro:


-¿Por qué has hecho lo que has hecho hoy? (en clara alusión al tema del hotel..?) ¿Por qué has esperado al último momento para hacérmelo saber?


En aquel momento, si me hubieran soltado en un estanque de cocodrilos habría sido yo la que habría hecho una carnicería, (habría salido con los bolsos confeccionados y to´!) pero me controlé como una campeona y procuré hablar (más o menos) tranquila y pausadamente.


Y se hizo el silencio…


No respondías, así que me fui animando y te hablé sobre todos los pequeños momentos que me habían desconcertado durante el viaje: tu “sutil” distanciamiento, mis intentos por prestarte toda la atención que podía… Ya sabéis, todos esos rollazos de los que ya os había hablado. ¿Para qué vamos a seguir aburriendo a las marmotas más de lo necesario?


-He intentado estar contigo siempre que he podido. Tengo a mi lado a una persona maravillosa, que me quiere sin condiciones y que jamás me haría daño, y siento que no he estado a su lado todo lo que habría debido por estar al tuyo.


Tú te mantenías observándome en silencio, sin decir nada. En ese momento decidí sacar mi cuaderno, te miré y pregunté:


- Por qué insistes en seguir siendo mi amigo, si hay tantas cosas que no te gustan de mi? Venga, vamos a hacer una lista de las cosas que te fastidian de mi.


En ese momento me respondiste con una sonrisa, pero de un modo tierno, sin rastro de burla o ironía en tus ojos, pero yo estaba lo suficientemente dolida como para retener las ganas de devolvértela, así que respondí con una mirada fulminante.


Empecé a escribir mientras hablaba.


- Veamos: Teóricamente te parezco sarcástica, siempre trato de hacerte hablar demasiado, te hago muchas preguntas, soy insistente hasta la extenuación, dura en ocasiones –al igual que distante-, impaciente, irónica, exigente, coqueta, vulgar con algunas bromas, quiero ser el centro de tu atención…

¿Se me olvida algo?.


Me sonreíste de nuevo con una cierta dulzura en los ojos, abriste la boca y dijiste, con cierta ironía, pero con ternura:


- Si, una vez se te quemó la paella… Y vas muchas veces al baño cuando salimos de marcha… Y... A veces hablas en sueños...!


Mantuviste una mirada cómplice y risueña mientras lo decías, hasta el punto de que fui incapaz de mantener mi gesto malhumorado y acabé sonriendo durantes unos instantes. Siempre he sido una chica fácil cuando se trata de hacerme sonreír si se usa el sentido del humor, sea cual sea la circunstancia.


A fin de cuentas, por una vez estabas respondiendo a mi juego, ironizando, pero con ternura, sobre una serie de chorradas –que sabía bien- no querían decir absolutamente nada para ti.


Pero en aquel momento necesitaba tus respuestas. Tomé de nuevo la libreta entre mis manos y continué:


- Veamos, ¿y qué era lo que te gustaba de mi…? Soy inteligente… Y se entretener a la gente. Ya ésta, ¿no? (tanto tú como yo sabíamos que no era todo, que eran muchas otras cosas, pero necesitaba oírtelas decir de nuevo, necesitaba que reaccionaras, que hicieras algo!).


No me respondiste en ésta ocasión, y te mantuviste firme, en silencio, observándome con una mirada en tus ojos que acerté a interpretar, como tantas otras veces como un: “Ya lo sabes perfectamente”.


Pasó otro pequeño rato y salimos de allí. Comenzamos a caminar –ésta vez también yo me mantuve delante, aunque con menos rabia en la sangre- y llegamos hasta un lugar que a ambos nos encanta. Durante el recorrido, solo me dijiste una cosa, en tono de broma, sin atisbo de malicia en tu voz:

-
-¿Estas intentando dejarme atrás para perderme de vista y no lo consigues?


Te miré con una leve sonrisa en los labios, pero no respondí y continué mi recorrido


Llegamos a aquel lugar encantador, y nos sentamos en un banco, desde donde disfrutábamos de una vista mágica. Procuré sentarme a cierta distancia de ti y me mantuve en silencio, observando las cosas a mi alrededor durante un rato que me pareció eterno. Tú, al contrario que en otras ocasiones -en las que te mantienes quieto, en tu sitio cuando estamos enfadados, sentados en algún sitio-, comenzaste a acercarte a mi muy lentamente: (Ya sabéis, la coreografía que siempre “usa” en la cama):


Primero te moviste para sentarte cerca de mi, hasta que tu cuerpo estaba en contacto conmigo…Luego, como un niño con el que vas por primera vez al cine, acercabas el brazo para apoyarlo en el asiento, detrás de mi espalda, como esperando el momento oportuno para pasarme la mano por encima del hombre. Durante un rato “fuiste y viniste”, acercándote y alejándote de mi, hasta que finalmente lograste levantar la mano y abrazarme. A partir de ahí, tocó otro rato de “dudas”, de apoyar tu cabeza y tus labios en mi hombro, de acercarte a mi rostro y de volver a alejarte, como si el miedo te pudiera. Comenzaste a acariciarme la espalda, el pelo… Y cuando ya empezaba a sentirme de nuevo harta y frustrada, después de un largo silencio y proximidad física entre los dos, me lanzaste a bocarrajo:


- “He sentido celos, me he sentido XXXX (no te entendí en aquel momento), confuso…”

- ¿Qué es lo que has dicho en segundo lugar? –pregunté, porque no lo había escuchado-.

- Lo sabes perfectamente.

- No, no lo he oído!



Necesité más de diez minutos para convencerte de que realmente no lo había escuchado.


- He dicho que me he sentido usado.

- ¿¡Usado!?!?!? ¿Usado por qué? ¿Cuándo te has sentido usado? -exclamé, con una cara que bien hubiera podido tacharse de “imbécil sorprendida”- ¿Ha sido por el dinero, por el hecho de que pagaras las habitaciones de los dos hoteles?

- No.

- ¿Ha sido por el sexo? –solté, aunque con una sonrisa de incredulidad en la cara-


De nuevo, no me respondiste. Aquella revelación me había dejado impactada, sobrecogida. ¿Había realmente oído lo que había oído? La primera parte no cesaba de martillearme la cabeza… ¿Celoso? ¿Estabas admitiendo que te habías sentido celoso?


- ¿Y porqué te has sentido confuso?

- No lo sé, por algunas cosas que han pasado y que se han dicho.

- Si, pero, ¿cuáles?

- No lo sé, han sido varias... Pero también te he dicho otra cosa antes. ¿Tampoco la has escuchado?


A esas alturas, era consciente de que yo misma estaba evitando pronunciar aquella palabra, no concebía que pudiera ser cierto. Pero él me estaba diciendo que estaba ahí. Tragué saliva y respondí:


- Cierto, has dicho que has sentido celos. Pero dado que me habías dejado claro que no sentías nada por mí como mujer, no me encaja que hayas podido sentirlos. Pensé que no lo había oído bien...

¿Por qué te has sentido celoso?

- No lo sé. Tal vez necesitaba más atención.



¿Me estabas diciendo que habías necesitado más atención por mi parte? ¿Pero de qué ibas? Cómo amiga te presté muchísima atención, aún a costa de mi pareja!


- ¿Te sentiste celoso como amigo? –dije, intentando hacerlo parecer menos importante de lo que sentía que era-

- Si, puede ser.


Pero no te creía, así que solté una segunda pregunta:

- Y como hombre... ¿Te has sentido celoso como hombre?

- Yo… Ummm... Puede ser... No lo sé! –exclamaste, bajando la mirada hacia el suelo después de un instante de vacilación que pareció eterno-.

- Pues no me encaja con lo que me habías dado a entender hasta ahora.

- Ya te lo he dicho, me he sentido confuso, y también hay más cosas.

- ¿Qué cosas?

- No tiene importancia.

- ¿Y por qué te has sentido usado?

- Ya lo has dicho tú…

- ¿Por el sexo….??? –exclamé, con cara de póker y consciente de que era lo que trataba de decirme- ¿Por qué ha sido? ¿acaso por la forma en la que me haces el amor? –dije, con una delicadamente irónica sonrisa en los labios.


Te limitaste a sonreír –creo que a tu pesar-, moviendo levemente la cabeza con actitud afirmativa pero sin decir nada. En aquel momento me estaba sintiendo como una imbécil… ¿Sentirte usado tú? Era lo que me quedaba por oír!

- Soy yo la que debería sentirme usada, ¿no? De hecho, yo si me he sentido utilizada en muchas ocasiones. Me sorprende que ahora seas tú el que se sienta así.


Creo que mis ojos y mi tono de voz se aliaron de forma insconciente para reflejar una elevada dosis de ironía que, sin embargo, mi tono de voz consiguió moderar.


Intensificaste tu abrazo, me acariciaste el pelo durante un rato, y me preguntaste si deseaba comer algo, porque era más de las doce. En aquel momento sentía muchas cosas, pero entre ellas no estaba el hambre. ¿Pero tú? Tú no perderías el hambre ni aunque acabaran de amputarte las piernas, jodío!


Te dije que no, pero que podíamos ir a algún sitio. Nos levantamos, y tranquilamente ya, paseamos durante un rato.


Por supuesto, me propusiste ir a un bar al que vamos con mucha frecuencia cuando vienes a visitarme. Me resultó gracioso –en sentido irónico- que quisieras pedir un “orgasmo” (es una bebida que preparan solo allí), y por un breve instante, sabiendo que de alguna forma estabas tratando de volver a la “normalidad”, sentí el impulso de mandarte a la mierda. Sabías que yo siempre te llevaba allí como en una especie de broma, de jueguecito… Porque era la única forma de “probar un orgasmo juntos”. A pesar de todo, no pude evitar sonreír por dentro.


Cómo te gusta nuestro juego, ¿eh?

4 comentarios:

Serena dijo...

Endif... what can I say... It must be difficult to support so emptiness...

A lot of ki>>e>

mAlicia dijo...

Jajajaja!

Me temo que tendrá que quedarse así por ahora, la web me ha estado dando muchos problemas, pero puedo intentarlo.

mAlicia dijo...

Arreglado!!!!!

Serena dijo...

Ohhh... la otra versión tenía bastante personalidad.

Bueno, bueno, dice: "me he sentido XXX". He pensado: "madre mía, para que lo haya censurado ella, que pone trasero y todo, qué barbaridad le diría Mattia!!"

Este chico es más complicao que el cubo de rubik... cuando parece que ya lo tienes, ale, te encuentras dos cuadraditos del verde en el blanco!

Un abrazo

PD. ¿Qué fue de la libreta? ¿Encontró un lapicero que la hiciera feliz?